Un buen retrato gana valor con el paso del tiempo, la esencia de las personas va más allá del soporte, toma su lugar y lo habita.
Anduetza, interesada por el individuo único, ha desarrollado paralelamente un oficio cercano a la práctica artística: el de retratar.
Dentro de las formas realistas de estas obras, se aprecia una percepción que va más allá. Es la mano de esta artista que continúa su búsqueda de lo trascendental, también en cada mirada.